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Como Cagancho en Almagro

Iniciado por Jose Antonio, Noviembre 07, 2014, 09:09:44 AM

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Jose Antonio

Expresión muy conocida, aunque algo en deshuso, que sirve para expresar un ridículo monumental.

Pero ¿Que pasó realmente?. La historia no tiene desperdicio.

Hace algunos años, ya conté la historia de Joaquín Rodríguez, Cagancho, en el antiguo foro. Pero ha desaparecido. A petición de un forero que la ha estado buscandola vuelvo a contarla.

No es igual que la primera, no encuentro el documento, pero es muy parecida. La historia está documentada a través de internet y periódicos de la época.

Allá vamos.



Joaquín Rodríguez, de mote Cagancho, torero gitano de ojos verde, fue uno de los más famosos matadores de su época, en las primeras décadas del siglo pasado. En los años veinte los toros eran prácticamente, junto con el cabaret y el teatro, las únicas diversiones de masas existentes. El fútbol aún no era lo que es hoy y el cine estaba en mantillas. Así pues, debemos entender que este matador de toros era un gran líder de masas con una capacidad de atracción reservada a muy poca gente.



Por eso, cuando en agosto de 1927 se anunció que en la corrida del día 26 torearía el maestro en Almagro, todo el mundo tuvo claro que se produciría una auténtica marea humana hacia este pequeño pueblo. La principal comunicación con Almagro, en aquellos momentos en que la red de carreteras estaba prácticamente inventándose, era el ferrocarril, concretamente el que venía de Ciudad Real. Y aquel día llegó a la estación de Almagro con gente subida a los estribos, sentada en los topes, en cualquier parte. El tren venía repleto de personas que habían pagado en Ciudad Real auténticas fortunas en la reventa para poder estar en aquella corrida.

La crónica taurina del ABC comienza así:

"Almagro 25, 7 tarde. Segunda corrida de feria, con toros de Antonio Pérez Tabernero, para Márquez, Rayito y Cagancho. Entrada regular. En los palcos se ven hermosas mujeres, con la clásica mantilla de madroños y claveles en el pecho. Hay gran expectación por ver a Cagancho y han llegado trenes de Ciudad Real atestados de aficionados."


La plaza estaba abarrotada una hora antes de dar comienzo el festejo. La tarde era muy calurosa y en aquella época no había un tope de aforo a la plaza, si empujando se pasaba, pues se pasaba. La "presión humana" unida al bochorno veraniego y, según se cuenta, que corría por el personal la noticia de que Cagancho no llegaría a tiempo para la corrida. Tenía a la plaza como una olla a presión. Las botas de vino se encontraban cargadas y en gran número. Pero Cagancho llegó a su hora.

Quiero recordar que en esa época los quites los hacían los tres diestros.

Comienza la corrida y a pesar de que oportunidades no le faltaron, Cagancho no hizo un solo quite.

"Primero. Pequeño, de gran cornamenta. Se aplaude un quite de Márquez. Pacomio coloca gran par. (Aplausos.) Márquez hace faena breve, y despacha al bicho de dos medias y una delantera. El presidente le llama a su palco, amonestándolo."


Al parecer soltó la muleta y se limitó a apuñalar al toro.

En el segundo Cagancho siguió sin hacer un solo quite.

"Segundo. Negro. Sale con muchos pies. Rayito veroniquea por ambos lados, terminando con una gaonera de frente (Aplausos.) Los palitroqueros oyen pitos, excepto Bombita IV. Rayito hace faena inteligente, sobresaliendo dos pases de pecho y verios naturales. Perfilase y señala un pinchazo; arrea una estocada saliendo el sable por los bajos. (Pitos) Y al quinto intento descabella. (Pitos.)"


El tercero, primero de Cagancho, era un toro colorado y bragao. Hasta el momento Cagancho ni siquiera había desplegado el capote  y siguió en la línea. Consciente de que era su toro y de que no podía dejar de intentarlo, Cagancho se le acercó pero el toro le desarmó, haciendo volar la capa, momento en el que el maestro salió cagando leches hacia la barrera. Ahí fue donde empezó la bronca de verdad.

"Tercero. Coloraro, bragao y recogido de cuernos. Cagancho emplea varios telonazos al recogerlo, pero sin exposición; luego en un quite, sale apuradillo. Hay un puyazo monumental de Catalino. Rafaelillo sufre en el primer pase una colada. Muletea aliñado y distanciadísimo, empleando pases sin ligar. Entre un bronca, da un pinchazo, echándose fuera descaradamente; Otro igual; otro. (Monumental bronca.) Otro cuarteando feamente; otro. (Gran escándalo.) Otra puñalada; cinco intentos de descabello por Cagancho. (Enorme bronca) Guerrilla apuñala al toro a la primera."

En la lidia propiamente dicha, el torero se mostró distante y cobarde. A la mínima que el toro le miraba, echaba a correr. Tanto miedo tenía Cagancho que hizo algo increíble: pinchó al toro en el cuello, y después en el brazuelo, lugares ambos absolutamente vedados, no ya para un torero de gran fama, sino para un vulgar estudiante de primero de la escuela de tauromaquia.

En ese momento el teniente Juan Ayuso, jefe del destacamento de la guardia civil que vigilaba el espectáculo, dio orden a sus hombres de que impidiesen que nadie saltase al callejón. Con ese sexto sentido que da el portar tricornio, ya se había dado cuenta de que aquella tarde se iba a ganar el sueldo.



"Cuarto. Negro, buen mozo y burriciego, Márquez, en vista de ello, se niega a torear y hay conferencia con el presidente. (Bronca.) Vuelve la cuadrilla a la plaza, pero el toro, naturalmente, sigue siendo burriciego. (Lio y bronca.) El presidente ordena que el bicho sea fogueado por manso. El toro se arregla con el tueste. Márquez empieza con un pase sentado en el estribo. (Aplausos.) Muy valiente, da tres monumentales pases de pecho, dos molinetes, y, clavando la rodilla en tierra, pasa tres veces al cornúpeto; la faena es grande; perfílase el diestro y atiza media estocada en todo lo alto, y al primer intento descabella. (Gran ovación.)

Quinto. Negro. Hay cuatro verónicas valientes de Rayito. En quites se lucen los tres maestros, aunque hay un poquito de abucheo para Cagancho.

Rayito, después de brindar en el centro de la plaza, hace una faena valiente y lucida, y termina con una contraria y descabello. (Ovación, oreja y rabo.)"



Por fin llegó el sexto y para colmo, el toro que le salió a Cagancho no era un toro, sino un oso Kodiak. En la suerte de varas, mató a varios caballos (entonces los caballos de picar no llevaban peto). Todo el mundo en la arena se puso nervioso. Los subalternos toreaban a siete kilómetros de los cuernos, Márquez hizo un quite desde su casa, los picadores se hacían caquita cuando el morlaco todavía estaba a diez metros de ellos, y los banderilleros no banderillearon tirando los garapullos como dardos porque no les dejaron.

"Sexto. Grande y con buenas defensas. De salida siembra el pánico entre la torería. Cagancho huye, y el público protesta ruidosamente. Mal picado y peor banderilleado, pasa a manos de Cagancho.
La faena de este torero incomprensible es un espectáculo lamentable. Huye ante el toro, pincha como puede y donde puede, agujereando al bicho por todas partes, presa en todo momento de un pánico indescriptible. La bonca es ensordecedora. Suena un aviso, y Cagancho, harto de pinchar, toma la barrera, e intenta marcharse. El público le apostrofa. Rayito descabella, y Cagancho es conducido a la cárcel, en medio de una gritería inenarrable.

No puede darse nada más vergonzoso"


Cagancho, al parecer, estaba preparado para situaciones así. En la faena propiamente dicha, sacó una muleta descomunal y comenzó a torear con el pico de la tela, manteniendo por lo tanto al toro en otra galaxia. No contento con eso, en uno de los pases, mientras el toro estaba a su lado, le largó un espadazo en el vientre, y luego otro. El toro, claro, se cabreó más de lo que ya de por sí se cabrea un toro cuando lo lidian. Lo miró mal, así que el torero tiró los trastos y repitió la suerte del tercer toro: a todo correr hacia la barrera. Y, una vez dentro, ¡le pinchó de nuevo!

Suenan avisos, signo de que el torero es incapaz de matar al toro, mientras, Cagancho seguía intentando matar al animal sin salir de la barrera. Lo hacía pinchándole en los costados, en los brazuelos, en cualquier lugar menos allí donde ha de hacerse según marca el arte de Cúchares. Aquellos de los subalternos que se atrevían a saltar a la arena lo hacían con sus espadas debajo de las muletas, se acercaban al toro y le pinchaban también alevosamente, en cualquier parte. A aquel toro no lo mataron. Lo asesinaron.

La Guardia Civil es mucha Guardia Civil, pero una turba enfervorizada puede con todo. Son más y, una vez que el ser humano llega a ese punto en que todo le importa un pimiento, no hay argumento que les frene. Las gentes comenzaron a perseguir a Cagancho, el cual intentó, con la espada en la mano, salir de najas de la plaza. Un espectador le agarró del cuello y, arrojándole en dirección contraria, le gritó. "¡Al toro, coño! ¡Cobarde!"

Otro le arreó una bofetada en pleno carrillo. Y allí estaba Cagancho, en medio de un ruedo lleno de gente que le rodeaba para darle una paliza; ruedo en el que todavía había un toro vivo, sangrando por sus mil heridas, soltando tornillazos y llevándose a la gente por delante. Hasta que Rayito logró darle el descabello.

Entonces cargó el ejército, concretamente un destacamento de Caballería que se encontraba allí reforzando a la Guardia Civil. A caballo consiguieron convencer al público de que se tranquilizase un poco. No sin esfuerzo, despejaron el anillo. Ocho guardias civiles rodearon a Cagancho y lo sacaron de la plaza, entre una lluvia de todo tipo de objetos y fluidos corporales humanos, preferentemente faríngeos, epigástricos y nasales.

El fracaso de Cagancho en Almagro es, efectivamente, la bronca más gorda ocurrida jamás en un espectáculo público en España. La marcha del diestro fue seguida de disturbios en los alrededores de la plaza en los cuales las fuerzas del orden tuvieron que cargar a caballo.

Los testimonios describen a un Cagancho todavía vestido de plata refugiado en el salón de actos del Ayuntamiento de Almagro, custodiado por la Guardia Civil para que el personal que estaba en la calle no lo linchase, fumando indolentemente y como resignado. "Así es la vida. Yo quería quedar bien, pero lo que no pue zé, no pue zé".

Uno de sus subalternos se queja a la Guardia Civil.

"-¿A usted le parece lógico que a éste lo quieran meter en la cárcel por no haber matado un toro y a nosotros nos quieran hacer lo mismo por matarlo?"





Extremeño.
Montero 3.2 DID largo Automatico del 2006
Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que lo sabe.
https://www.joseaverde.es

Oscar01

Oscar.
Jeep Wrangler
Ex-Montero largo AT.
Madrid.
Socio AUTT 1059

GUTI

Efectivamente, conozco muy bién el refrán. Mi padre en casa lo dice en ocasiones, cuando se tercia.
Pero no conocía la historia con tanta exactitud. Le gustará recordar la historia.
Muy Grande !!
Montero Sport. Guti. Benicasim (CASTELLON)