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500 gramos para avanzar

Iniciado por Lucanero, Febrero 09, 2015, 12:39:57 PM

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Lucanero

Sentado en mi celda sentía un calambre hermoso en mi sistema nervioso cada vez que oía noticias sobre la nieve. Para el sábado volvían a dar nieve, me alteré mucho y el médico me dijo en confianza que se curaba con una sesión de 16 por la nieve, pero como no me dejan salir me recetó dos horas de Sálvame y Gran Hermano en el pabellón comunitario.

Entonces hablé con otros compañeros que comparten mi mismo desorden mental y les dije que el sábado engañaría a las enfermeras y pediría permiso para acompañar a Elvis al jardín a que se despeje, que está muy tristón desde que se enteró que existía el regaetton. Una vez fuera me escaparía y cogería el Montero para subir a buscar nieve por la sierra del Piornal, subiendo hacia los Ancares.

A varios de ellos también les habían recetado lo mismo, así que el sábado unos cuantos se buscaron una excusa para salir de sus celdas, cogieron sus 16 y nos vimos en Baralla, población en donde iniciamos la ruta. Hubo otros que no vinieron por muchos y variados motivos, bien por que tenían frío, no les dejaron salir de su celda, les gusta la telebasura o simplemente no sabían multiplicar y no se enteraron de nada.

La cuestión es que nos reunimos temprano lo mejorcito de cada casa en la Plaza Mayor, que por otra parte era la única. En la foto aparecen Javier Imedio, Javier, Alex, Marcos y Alberto. Jorge no salió en la foto de grupo, y a mi no me dejaron salir en la foto, será porque los eclipso a todos ;D




Antes de comenzar quité el fusible del ABS de mi Montero, esta ruta ya la realicé en otras ocasiones y tuve un susto morrocotudo con otro coche por culpa del ABS. Después de bajar las presiones a 1,5 kg comenzamos la ruta encontrando pista de tierra a 1500 metros de la Plaza Mayor, y ya desde el principio tenía nieve aunque las rodadas estaban limpias ¡No podíamos comenzar mejor!




La pista iba ganando cota de forma decidida, con lo que cada vez encontrábamos más nieve. Catábamos la nieve primero con una rueda y luego con la otra, había que tomar contacto poco a poco porque estaba muy fría. Era la primera vez que Jorge rodaba por nieve con su GR.




En muy poco tiempo llegó el deseado momento en el que la totalidad de la pista estaba cubierta por la nieve, aunque fuese a ratos. Teníamos la intención de buscar pistas muy tupidas por la nieve pero que permitiesen avanzar sin tener que trabajar demasiado. Un equilibrio difícil de conseguir en la caprichosa nieve.




A medida que avanzábamos la profundidad de la nieve era cada vez mayor.




Y las alturas libres comenzaban a no ser tan holgadas.




Cuando llevábamos unos pocos kilómetros una desazón nos invadió ¿Nos faltaría medicación? ¿Echábamos en falta un capítulo de Gran Hermano? Nooo, lo que sucedía es que teníamos que hacer una parada cervecil y de paso picar algo.




Una vez recuperados seguimos ruta. La nieve le daba un toque hermoso a todo.




Incluso a los árboles pelados les hacía parecer bonitos. Cada vez estábamos mas contentos con la elección del día y el recorrido.




Como mirase a donde mirase sentía la necesidad de fotografiarlo todo, hacía frecuentes paradas procurando poner tierra de por medio con el resto del grupo para que me diese tiempo a sacar las fotos antes de que me alcanzasen, aunque no siempre lo conseguía.




La nevada había sido importante y cada vez costaba mas distinguir sitios libres de nieve incluso mirando a lo lejos. Una sensación de aventura nos iba invadiendo poco a poco.




Después de pasar una pequeña aldea la ruta se internaba de nuevo en el bosque a través de un túnel de vegetación. Aquí la pista ya no tenía rodadas, lo que incrementó el goce varios enteros.




Pasar por este sitio tuvo su gracia aunque la nieve acumulada se me cayó encima y tuve que detenerme porque los limpiaparabrisas no podían con tal cantidad. Me acabó pasando en varias ocasiones a lo largo de la ruta.




Llegados a este punto la altura libre del Montero iO pasó factura y se negó a continuar. Javier no había bajado las presiones de los neumáticos al comenzar la ruta, así que probamos a deshincharlos.




Galloverde le sacó tanto aire que las ruedas parecían un helado derretido y pensamos que desllantaría, pero lo cierto es que ayudó muchísimo y el iO pudo continuar la ruta. Galloverde es un experto en quitar viento de las ruedas.




La pista que seguíamos se iba estrechando hasta convertirse en una corredoira con ramas y troncos caídos que me obligaban a detenerme para apartarlos si no quería abollar la carrocería.




Como ya conocía la pista seguí adelante a pesar de que se estrechaba peligrosamente, contando con que si habíamos pasado una vez pasaríamos ahora también. Pero aquello fue hace unos años y desde entonces los coches crecieron y la pista menguó, con lo que pasar, pasamos, pero después de una rechinante sesión de lijado de pintura. Esperaba reproches varios a la salida de la corredoira pero todos son unos cuatreros consumados y nadie dijo ni pío, todos sabían a que venían y que el monte tiene estas cosas, para ir tranquilo están las autopistas y a veces ni así.




Después de salir del túnel de lijado llegamos a lo que internamente todos esperábamos y temíamos a la vez. Una pista en la que la nieve acumulada desdibujaba sus límites y había que rodar con los cinco sentidos puestos para no fallar y caer en una cuneta o lo que es peor, caer por la pendiente lateral.




Para mi sorpresa la frescura de la nieve hizo que rodar fuese más sencillo de lo que esperaba, y tan solo tenía que mantener una velocidad mínima que me permitiese no encallar gracias a la inercia. La táctica me resultó bien hasta que llegué a un giro muy pronunciado en donde la nieve se acumuló delante haciendo que el Montero se detuviese.




Después de un rato de pataleo se hizo evidente que el temido momento eslinga había llegado. Jorge se puso detrás de mí con una sonrisa canina. "Yo te echo un cable" decía su boca. "Te atascaste y yo te eslingo, te atascaste y yo te eslingo" decían sus ojos.




Con un par de tirones mi Montero volvía a rodar por sí solo. Para poder superar el murete de nieve decidimos derribarlo a base de caldo y aire de Bellota (la marca de la pala). La brigada de limpieza trabajó con rapidez, tal era el hambre de rodar por la nieve que teníamos.



Con el muro haciendo compañía al de Berlín todos conseguimos pasar sin más problemas. En este punto Galloverde ya comenzaba a opinar que éramos unos pirados por no parar a comer de una vez. Y tal vez tuviese razón.

Montero DID GLS Kaiteki A/T largo

Lucanero

#1
Tomar una cerveza en medio de una pista nevada es muy chulo, pero comer en esas condiciones ya no lo es tanto. Nos dirigimos una caseta forestal cercana para ver si nos proporcionaba algo de abrigo. Tiene unas mesas de piedra al lado, pero estaba claro que hoy no nos harían servicio. Como íbamos ascendiendo las pistas acumulaban cada vez mas nieve, pero a esas alturas todos habíamos desarrollado un poco de mano y rodamos sin contratiempos.




Llegamos a la caseta forestal que está en el Alto da Pena, a 1.200 m de altitud. El que mas y el que menos ya llevaba a estas alturas esas llantas lenticulares que tan de moda se ponen en la nieve.




Aquí realmente había mucha nieve. Era un sitio alto y en cuanto te movías un poco de la explanada central metías la pierna hasta la rodilla en la nieve.




La caseta forestal nos cobijaba algo de una molesta brisa que nos congelaba hasta las ideas, pero su mayor utilidad fue la de atalaya para sacar fotos. En la foto se ve el Patrol GR de Jorge, el Montero iO de Javier, El Suzuki Vitara de Marcos, el Galloper de Galloverde y mi Montero.




Con el frío que hacía hasta a las rocas les caían los mocos.




Mientras decidíamos que hacer, si comer allí o continuar a buscar un sitio más resguardado, sacamos unas cuantas bebidas para engrasar el intelecto porque sin cerveza los procesos cognitivos se ralentizan a tan bajas temperaturas.




Todos decidimos ponernos a pensar en una solución para no comer al fresquete, y nos acabó entrando la sed. Es lo que tiene pensar.




Para incrementar el poder anticongelante de la mezcla acabamos añadiendo licor café y aguardiente tostado a la mezcla, para así poder pensar con más claridad.




Entonces de repente surgió la chispa ¡El caseto, el caseto! Este caseto cercano parecía adecuado para comer bien cobijados, pero estaba lleno de trastos y además acercar la comida y las mesas iba a resultar complicado por la acumulación de nieve.




Incrementamos la dosis de anticongelante y la chispa volvió a saltar ¡El bajo de la caseta forestal está abierto! ¡El bajo de la caseta forestal está abierto! (No se por qué pero lo repetíamos todo dos veces). Resulta que una amable persona decidió dejar la puerta abierta para que el bajo sirviese de refugio ante una emergencia. Aquello era una emergencia en toda regla, nos moríamos de hambre, así que aceptamos la amable invitación.




Javier se despidió en ese momento ya que había quedado para comer en Lugo y aún tenía que descender de la cumbre, buscar una pista asfaltada e intentar encontrar la nacional o la autovía. Alberto, su copiloto, puso sus cosas en mi coche para después continuar ruta como mi copi.




El bajo era literalmente una cueva con un lateral de roca y de cuyo techo colgaban carámbanos, pero en ese momento nos parecía un restaurante más que digno. Alberto propuso encender un fuego cerca de la entrada confiando en que algo nos calentaría y yo llevaba leña para encender un fuego en previsión de una contingencia similar, por lo que nos pusimos manos a la obra. Hicimos un hueco en la nieve, pusimos la leña y encendimos el fuego. El Vitara de Marcos reverberaba de emoción ante la perspectiva, aterido de frío que estaba el pobrecico.




Con la calefacción en marcha nos pusimos a preparar la comida. Yo llevaba unas empanadillas de atún y unas lentejas con chorizo caseras, de la casa Litoral, con su hermosa lata y todo. Jorge llevaba también lentejas y que también aseguraba que eran caseras a pesar de venir en un tupper de aspecto sospechosamente industrial, que contrastaba con el aspecto casero artesanal de la lata en las que venían mis lentejas. No sé yo, no sé yo.




A la hora de calentar la comida tuvimos un pequeño problema. Llevábamos días hablando de hornillos y ensalzando las virtudes de la bombona eterna de la cocina de Galloverde, que la tiene desde que lo conozco. Pues resultó que ese mismo día decidió terminarse ¡Horror, con toda la comida fría! Hambre tenía todo el mundo, pero tanta como para comer lentejas frías como que no.

Valoraron la posibilidad de calentar las cosas en la hoguera, pero yo estaba calentando mis lentejas (caseras, insisto) en un minihornillo plegable que tengo desde los heroicos tiempos de mi Suzuki SJ, en el que el espacio era un bien preciado y todo había que cuadrarlo en el maletero haciendo gala de tus habilidades adquiridas tras años de jugar al Tetris.

En cuanto acabé de calentar las caserísimas lentejas utilizamos el hornillito para calentar las lentejas industriales, un combinado de chili con carne y arroz y ya puestos también pasamos por la sartén unos chorizos caserísmos de casa Coren que trajo Javier Imedio, que con pan nos supieron a gloria bendita. El queso de Alberto y las empanadas de Jorge y Marcos tampoco consiguieron quedarse al margen y los masacramos sin piedad.




Entre comer, beber y conversar nos tiramos dos horas y media bien a gusto. Fuera hacía frío, dentro había comida, bebida y buena compañía ¿Para qué íbamos a salir?




Al llegar el momento café con gotas (dicen que hay que decir "con gotas" por que hay quien lo toma sin ellas, no me lo creo) uno de los carámbanos se soltó del techo debido al calor de la hoguera e impactó sobre la mesa dándonos un buen susto, seguido de unas buenas risas. Nos recuperamos con unos chupitos de las botellas que habíamos clavado en la nieve para que los licores estuviesen bien densos.




Cuando acabamos con todo lo que pululaba sobre la mesa nuestro interés por permanecer en la cueva decayó rápidamente. Recogimos todo haciendo de paso algo de limpieza del bajo, para que quedase en unas condiciones un poquito mejores que las que nos encontramos, y apagamos la hoguera cubriéndola con nieve. Alberto dejó allí unas pastillas de encendido y una cerveza para que sirvan a los próximos visitantes de aquella gélida cumbre. No os digo donde está para que no vayáis a todo gas a por la cerveza, que os conozco.
Montero DID GLS Kaiteki A/T largo

Lucanero

#2
Ahora nos tocaba descender de la montaña para atacar la siguiente. Como la bajada era importante decidí bajar la presión de los neumáticos a 1 Kg con la ayuda de un ingenioso artefacto que llevaba Jorge, que semejaba una pipa de fumar opio con un manómetro adosado. Montamos un pequeño zipizape al sacar los coches, todos esperando por todos. Me escabullí por un lateral y enfilé la bajada sin pensarlo demasiado, porque había bastante pendiente y de pensarlo mas me quedo arriba ya que imponía un poco.



La nieve en esta ladera de la montaña era más profunda todavía que la que había en la ladera que utilizamos para subir, pero como era cuesta abajo todos los santos ayudaban. Alberto y yo nos dimos cuenta de que no nos seguía nadie, así que salimos del coche a sacar unas cuantas fotos.



Estábamos en medio de la típica conversación sobre el sentido de la vida inspirados por tan magnífico paisaje cuando una llamada de teléfono interrumpió nuestra disertación. Galloverde se había hartado de intentar hablar a través de la emisora con un coche vacío y me llamó al móvil. En la cumbre había ocurrido un pequeño desastre.

Cuando estaban maniobrando para enfilar la bajada el Patrol perdió tracción en la explanada y se las vieron y se las desearon para enfilarlo montaña abajo porque los demás coches también patinaban. Acabaron consiguéndolo pero mientras tanto el coche de Marcos desllantó buscando una alternativa, quedando además en mala posición. Pero aún peor, todos tenían ya el coche en la bajada y no pudieron dar marcha atrás para intentar ayudar a Marcos.




La única alternativa pasaba por continuar descendiendo hasta encontrar una pista que nos permitiese volver a la cumbre y buscar a Marcos. El resto del grupo continuó el descenso hasta encontrarse con nosotros para así seguir todos juntos.




La bajada llegó a una bifurcación con tres opciones. De frente descendía abruptamente y a la derecha tenía una pendiente ascendente que estimamos excesiva para tan siquiera intentarlo así que tomamos la pista de la izquierda, cuyo trazado era más suave y ya conocíamos de otras ocasiones.




Avanzábamos a buen ritmo pero sin pasarnos por que un fallo y acabaríamos con las ruedas en la cuneta de la izquierda o lo que es peor, deslizándonos hacia los árboles de la derecha, en donde los había, o rodando montaña abajo donde no había árboles.




La acumulación de nieve delante del coche a veces era excesiva y cuando el Montero amenazaba con pararse lo detenía, metía marcha atrás y volvía a intentarlo con más brío. Esta técnica de pequeños empellones dio resultado hasta llegar a un pequeño repecho en el que no pude avanzar más.




Entonces la comida ingerida hacía unas horas y la pala del Galloverde volvieron a juntarse para despejar el camino. Terminé cogiendo práctica de profesional.




Después de quitar toda la nieve que pude volví a intentar pasar, pero no había manera. El coche patinaba sin remedio y no quería avanzar. En estas ocasiones lo ideal es ir turnándose en cabeza para ir abriendo pista, pero era muy estrecha como para intentarlo y habría que desandar marcha atrás hasta el cruce para dar el relevo.

Nos paramos un momento a revisar nuestras opciones. Intentar volver por donde habíamos venido lo descartamos, demasiada pendiente. Las otras dos alternativas no eran tales, una era un suicidio y la otra pintaba como la pista que estábamos siguiendo pero con un discurrir incierto. A nuestra derecha podíamos observar la pista de bajada que nos podría sacar de aquel infierno blanco, tan cerca y a la vez tan lejos.




Comenzó entonces una tormenta de ideas a la desesperada. El winch, imposible. Yo no tenía y de todas formas los árboles estaban hacia la derecha, hacia el precipicio. El Hi-Lift a modo de tráctel, tres cuartas partes de lo mismo pero con mucho más currele para acabar en el mismo precipicio. El tiempo pasaba y no quedaría mucho mas de un par de horas de luz. Hacer noche en medio de la montaña nevada no nos apetecía a ninguno, raritos que somos.

Galloverde y Javier Imedio tenían unos amigos mucho más equipados que nosotros intentando la conquista de Balouta, a 65 kilómetros de distancia por carreteras de montaña. Si no nos quedase mas remedio podrían llamar implorando ayuda. Antes de tirar la toalla nos dimos una caminata para reconocer el terreno y vimos que me quedaban unos 10 metros para superar el repecho y que la pista llaneaba a partir de ahí.




Entonces Jorge propuso que usásemos su pipa mágica para bajar las presiones de los neumáticos a 500 gramos. Corríamos el riesgo de que eso hiciese desllantar el coche, pero el coche con las llantas en su sitio atascado en la nieve tampoco era de mucha utilidad, así que a bajarle las presiones y a cruzar los dedos. Cuando Jorge terminó de bajar las presiones de las ruedas di marcha atrás para ganar espacio y coger carrerilla, metí directa y apreté las manos contra el volante. Un poco de gas, el coche arranca, parece que va a patinar pero ¡Tracciona! ¡Hurra!




Las presiones bajas consiguieron el milagro, superé el repecho al primer empellón y pudimos continuar llaneando por la estrecha pista, intuída bajo la nieve. A medida que avanzaba miraba de reojo el GPS. Las curvas de nivel indicaban que todavía me quedaba un repecho más antes de que la pista comenzase a descender. Le comuniqué mis temores a Alberto, quien a la vista de la aparición del último repecho dijo con su tranquilidad característica "tu acelera que malo será". Tenemos que hacer promesa de desterrar el "malo será", un día nos va a dar un disgusto. Pero no iba a ser ese día.

Muy grande no era el repecho pero era más empinado que el anterior y tenía un buen nevero, aunque afortunada y extrañamante estaba en el lado derecho, el del precipicio, seguramente por que tendría una roca debajo. Cuando me aproximaba al nevero el coche comenzó a frenarse y antes de que se detuviese por completo di marcha atrás.

Descendiendo el repecho había un pequeño tramo en el que la nieve había desaparecido y asomaba el terreno, sobre todo en el lado izquierdo. Situé las ruedas traseras sobre la tierra y di gas confiando en que el bloqueo trasero compensase el deslizamiento de la rueda derecha, que en parte pisaba nieve.

El coche salió despedido y conseguí la inercia suficiente para empujar la nieve del nevero y pasar al otro lado, hacia la salida ¡Lo había conseguido! Me sentí libre como esos aventureros de las películas que pasan un montón de calamidades y al final encuentran la salida del atolladero en el que se encuentran. Pero calentito y con música a bordo, que no es cuestión de pasar más incomodidades de las necesarias.




El resto de los expedicionarios utilizaron la misma táctica y pasaron sin mayores dificultades. A partir de ahí solo nos quedaba un pequeño llaneo...seguido de una imponente bajada.




Los coches parecía que querían irse hacia el lado malo de la ladera, el que hace que te caigas dando tumbos, y nosotros peleábamos para que continuasen por la pista, tan agradable ella.




Dosificando el pedal conseguimos dominar los coches no sin algún que otro susto. La nieve era cada vez menos profunda y volvían a aparecer las rodadas.




Una vez fuera de peligro nos detuvimos a tomar unos chupitos. Por que sí, por que nosotros también lo valemos. Después dimos un enorme rodeo para volver a la cumbre de la montaña y ayudar a Marcos.



Rodando de nuevo cara a la cumbre de la montaña nos encontramos a dos zagalas jugando solas en medio de un prado nevado alejado de todo, sin ningún adulto cerca. Alberto y yo no salíamos de nuestro asombro cuando nos dimos cuenta de que había una casa solitaria en medio de la montaña de la cual partían unas huellas hasta el prado.

Cavilando sobre lo dura y solitaria que era la vida en tan agrestes lugares nos encontramos a Marcos rodando en dirección contraria ¡Sorpresa! Resultó que no había desllantado al fin y al cabo, y aunque la rueda perdía presión consiguió inflarla con su compresor y después liberar el coche con su winch.




La alegría fue tal que nos dirigimos de nuevo a lo alto a tomar una cerveza, la de la victoria sobre los elementos, la montaña, el frío y todo lo demás. El sol ya se ponía sobre la sierra, trayendo consigo las sombras y un bonito atardecer.




Nos volvimos a refugiar en nuestra cueva, más acogedora que nunca después de las penalidades sufridas. Teníamos las caras enrojecidas por el frío y el esfuerzo, y los pechos henchidos de orgullo por los obstáculos superados sin tener que lamentar ningún percance. Jamás nos habíamos enfrentado a tanta nieve, y habíamos salido victoriosos.




Mientras tanto los coches esperaban fuera, descansando después de un duro día de trabajo. Ahora que veo la foto tengo que ponerme como objetivo cerrar el portón trasero, que siempre lo dejo abierto por si nos apetece coger algo de la bodega y después me encuentro el coche helado. Maldita glotonería.




Una vez se hizo la noche descendimos de la montaña hasta Becerreá en donde devolvimos la presión a nuestras ruedas. Todos teníamos compresor (aunque unos lo tenían más grande que otros, así es la vida para todo) por lo que tardamos relativamente poco teniendo en cuenta los tamaños de los neumáticos y lo bajas de las presiones de partida.




La rueda de Marcos finalmente necesitó un cambio por que perdía aire.




Una vez quedó claro que habría que cambiar la rueda Marcos se me acercó y me dió una alegría ¡Me pidió el Hi-Lift! Me puse contentísimo, el día del estreno del gato y ya nos hizo falta ¡Y no lo necesité porque me hubiese quedado enganchado, era para ayudar a otro! Mejor imposible.

Lo saqué rápidamente de su flamante ubicación en el maletero, desembridando con elegancia los anclajes que le había puesto y lo llevé no sin esfuerzo hasta su coche. El gato necesita ruedines.

Galloverde fué el encargado de utilizarlo, tiene un montón de práctica y subió el coche con seguridad y rapidez.




Javier Imedio se apuntó a la foto final con maestría propia de un político inaugurando una obra pública.




El montaje de la rueda tuvo su arte, debido a los separadors que tenía. Cinco cabezas pensando como sería la solución al rompecabezas. La sexta, o sea la mía, descansando que falta le hacía.



Dimos por terminada la tremenda ruta del Piornal edición 2015 montando en nuestros coches y dirigiéndonos a la autovía que nos llevaría de regreso a nuestras celdas.

Una vez llegamos al edificio de la institución que tan amablemente nos acoge recogimos a Elvis en el jardín, que ya estaba helado de tanto esperar y delirando con que había estado hablando de zombies con un tal Michel todo el día.

No temíamos que a ninguno de nosotros se nos escapase algo acerca de nuestra escapada, ya que a los que compartimos esta locura los cuerdos no nos suelen creer, pensando que todas las aventuras son inventadas por increíbles.

Incluso Elvis se inventó una historia alucinante para tener algo que contar como nosotros, una aventura en la que terminaba a lomos de un unicornio componiendo una canción acerca de su celda y el rock. No le hicimos mucho caso porque Elvis no tiene un unicornio.

Lo tengo yo.
Montero DID GLS Kaiteki A/T largo

Angel

jajjajaaaa fantasticas fotos y aun mejor crónica, muy buena lo de aires de Bellota jajjaaaaa hubiera estado genial verte palear con una paletilla ibérica de bellota  :D :D  espero la segunda parte con muchas ganas..
Montero 3.500 GDI
Pajero 2.5 gls 1992
Madrid
AUTT 4499

gallovaciacharcos

Muy bonita la ruta, seguimos  espectantes
Galloper Super Exceed 3p
Ex Suzuki Jimny

Tratore Racing

Muy buena la cronica y muy wapas las fotos, se ve que andubisteis la mar de agusto.

Enric

Saludos,

Enric
Bdn(Bcn)
Did 3.2

Problemas y soluciones del Did
http://www.mitsubishi4x4galloper.org/Foro/index.php?topic=89.0

Abuelo

Que fotos mas bonitas y que cronica mas guapa . Leyendo me he imaginado que estaba con vosotros ....... Me alegro que lo pasarais bien . Un saludo compañeros .


Enviado desde mi iPhone con Tapatalk
Mitsubishi Montero 3.2 did 3p 2003

Sentinel

PRECIOSAS FOTOS, Felicidades y enhorabuena de poderlo disfrutar!!! ;)
Mitsubishi Montero Kaiteki 2015. Braid Winrace, Protecciones Almont4wd, Cooper AT3, Supensión DOBINSONS y como no...la nevera Engel para el tinto, la Xiveca y los berberechos ;).

Isaac_Mitxu

Preciosas fotos!!! es una pasada!!! Y como se pasa de bien cuando hay nieve jujuju

Mañana yo me voy pa la nieve !! Ya colgare fotos jejej

Ibais con 500gramos a cada rueda?? Yo los bajare a 800.. me da miedo a desllantar.

Un saludo!
Saludos!

Del mar el Mero y del monte el Montero!!


Borraska

Veo que os lo pasáis a lo grande.

Bonita ruta y buen ambiente.
Montero 2.8TD GLS, Cambio Automático, 5p
Caldes de Malavella, Girona

Boe

Lo que oyes lo olvidas,
lo que ves lo recuerdas,
lo que haces lo aprendes.

6Pucheros

Cita de: Isaac_Mitxu en Febrero 09, 2015, 19:19:17 PM
Preciosas fotos!!! es una pasada!!! Y como se pasa de bien cuando hay nieve jujuju

Mañana yo me voy pa la nieve !! Ya colgare fotos jejej

Ibais con 500gramos a cada rueda?? Yo los bajare a 800.. me da miedo a desllantar.

Un saludo!

Isaac, al terminar la ruta fui a darle aire con el compresor y para mi sorpresa el manómetro marcaba sobre 250-300 gramos y no desllanté, también hicimos algún tramo asfáltico con esa presión.
Saludos.
Alex - A Coruña.                          

CLUB CHIN POWER 4X4 A CORUÑA
OVERLAND IBÉRICA

Oscar01

Preciosas fotos, esperaremos la próxima entrega,..
Oscar.
Jeep Wrangler
Ex-Montero largo AT.
Madrid.
Socio AUTT 1059

Raul


-- EA1GBN -- Raul (Medina del Campo - VA)

www.pistaceromedina.com